jueves, abril 28, 2011

otra epifanía ciega




me da lo mismo

De verdad me daba lo mismo. Me estaban preguntando si quería ir a mirar el ojo de Londres por debajo. "Cuesta caro subir", habían dicho. Enseguida comenzamos a recorrer un puente sobre dos, luego dos puentes sobre uno, luego cuatro puentes que se entrecruzaban como en esa película de los Supersónicos. Ya olvidé el nombre. El río seguía pasando por debajo a una velocidad no despreciable, los atletas en kayak no miraban el horizonte, miraban nada más que la estela de agua que iba quedando por delante. Pensé: "si llegara una ola, todos estos turistas y nosotros estaríamos en la mierda".

Las setas llevaban funcionando un año ya. Las setas llevaban funcionando lo que parecía un año ya. Ya me explico de dónde me llegaban esos pensamientos tan absurdos. "El cielo es 3-D" y una serie de consignas sobre el espacio, sobre la geometría de las cosas que a esa hora... Vimos una vista del parliament que no salía en los puzzles, avanzamos hacia ella franqueando la ciudad. Londres parecía una jalea real, con payasos vestidos de uniforme para entretener a las masas. Cruzamos un puente más y estábamos en el london eye.

Permítanme avanzar un poco más. Cuando estábamos debajo del london eye empezó a llover. Yo era el único de la pandilla que hablaba más o menos inglés. "Where is the subway station?". Me apuntaron con un dedo en una dirección; sólo se veían las curvas de un edificio. "Tienes que atravesar ese edificio", me dijeron en español. Di las gracias en inglés: "thank you, sir". Enseguida lideré al grupo a la entrada de aquél complejo arquitéctonico. Tenía miedo de que si miraba hacia atrás, no viera a nadie siguiéndome.

Mis amigos habían caído en el mutismo y sólo me seguían mirando en cualquier dirección, con los ojos un poco entrecerrados por la lluvia. No íbamos preparados para un temporal, y parece que tampoco la gente que se agolpaba a esa hora en el lugar. Londres, 1996.